UNA REINGENIERIA JUDICIAL

Por: Jaime Lopera Gutiérrez

Hace un tiempo se nos preguntó a unos consultores de gerencia si un esfuerzo minucioso de reingeniería pudiese servir para mejorar la eficiencia de la justicia colombiana. La pregunta parecía intencional: anticipar argumentos para la decisión de despedir funcionarios judiciales con el experimento de que ello tal vez serviría para mejorar la eficiencia de los que se quedaran.

En aquel entonces la respuesta nuestra, con independencia de las demás, consistió en decir: lo que debe mejorarse es la estrategia, no la estructura del poder judicial. Hoy volvemos a lo mismo.

Una estrategia posible y poco reconocida es esta: sugerimos ver a la organización judicial como un sistema de conocimientos. Muy fácil: las sentencias de las Cortes (incluyendo los salvamentos de voto), los fallos anteriores, los libros de tratadistas nacionales o extranjeros, las experiencias previas (el common law), los casos resueltos, los juicios o litigios internacionales, las normas vigentes, todos estos son los conocimientos explícitos de los jueces.

Pero, del otro lado, se encuentran las habilidades de comunicación, la capacidad de intermediación o de manejar conflictos, la memoria institucional, los valores éticos, los prejuicios, las creencias, los paradigmas latentes, vale decir, todos los conocimientos implícitos del poder judicial. La capacitación y el entrenamiento son los mecanismos para mejorar la capacidad de ser justos en la decisión judicial.

A estas dos clases de conocimientos (los explícitos y los implícitos) habría que añadir un diagnóstico que se inicia a partir del momento de la verdad judicial. Sugerimos que el momento de la verdad judicial es el fallo: es el tiempo en el cual se encuentran --en un solo instante-- las valoraciones objetivas y subjetivas de unos y otros, demandantes y demandados, con los conocimientos implícitos y experiencias explícitas que habrán servido al juez para el veredicto. Es allí, en ese momento definitivo, donde se articulan los conocimientos implícitos con los explícitos que acabamos de ver.

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En suma, es una gerencia del conocimiento la que debe reemplazar el papel formal de un Consejo de la Magistratura. Es perfectamente rutinario el papel de un organismo que se encarga de adquirir los computadores, los muebles, el papel y los equipos adicionales de los juzgados; pero es una tarea que no añade valor a la justicia. Lo que es verdaderamente importante para la estructura (u organigrama) de la justicia colombiana es mantener las más elevadas cotas de entrenamiento y capacitación formal e informal, y en especial la vigilancia de la calidad ética de todos los integrantes de la rama.

Las fórmulas son sencillas: habilitando la inteligencia de los servidores públicos para administrar conflictos y servir de interlocutores válidos en las disputas; aprendiendo a escuchar con los oídos del alma; mejorando la disposición de trabajar en equipo para que el criterio solitario de un juez pueda enriquecerse con los de sus subalternos; estimulando una mayor lealtad al sistema; aumentando la reflexión moral; desintoxicando el trabajo diario; y mejorando las comunicaciones interpersonales y la motivación. El uso de la IA también entra en el análisis de esta propuesta por las razones bien conocidas sobre tu utilidad.

He aquí, para reflexionar, algunas recetas para la justicia y desde luego para paz. La reestructuración de la organización judicial consistiría entonces en hacer una gerencia del talento humano, cambiando la actitud hacia nuevas estrategias del sistema y de la sociedad orientadas a producir eficaces resultados sociales en ese llamado “momento de la justicia”.

Armenia, 4/09/2026

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